Tuesday, August 19, 2008
Tuesday, August 05, 2008
Monday, August 04, 2008
Friday, July 04, 2008

"Cada persona brilla con luz propia entre los demás. No hay dos fuegos
iguales, Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos colores. Hay
gente de fuego sereno, que ni siquiera se entera del viento, y gente de
fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos bobos que no
alumbran ni queman: pero otros arden la vida con tantas ganas que no se
puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende."
"Libro de los Abrazos" de Eduardo Galeano
iguales, Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos colores. Hay
gente de fuego sereno, que ni siquiera se entera del viento, y gente de
fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos bobos que no
alumbran ni queman: pero otros arden la vida con tantas ganas que no se
puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende."
"Libro de los Abrazos" de Eduardo Galeano
Wednesday, July 02, 2008
Saturday, June 21, 2008
PARA CANTAR

Los caballos se detienen.
Los belfos de los caballos desordenan el agua
y mezclan el rostro de las hojas.
Hemos llegado cerca del pueblo.
La niebla rodea casas que apenas existen.
Viajemos, antes que las aves
den comienzo al verano,
cuando vuelvan al estero
en busca de su olvidada imagen.
Vamos hacia un lugar que no conozco,
pero cuyo reflejo me permite vivir.
El camino se pierde en la niebla.
Vamos, lento trote de caballos,
el agua aún no se escurre de vuestros belfos.
Viajemos, antes que las aves
den comienzo al verano,
cuando en el estero encuentren
su antigua imagen olvidada
Jorge teillier
Saturday, June 14, 2008
Tuesday, June 03, 2008
EL VIAJE DE ULISES
Sujeto al mástil avanza Ulises Soto por las calles de Santiago pensando en que ningún canto tiene que detener el viaje heroico del profesional de clase media.
Le han cantado de todo, baladas de amor, cumbias calentonas, cuartetos del terror. Pero Ulises Soto es un hombre precavido y en vez de cera usa un mp3 con canciones de Alberto Cortez que, según él, para escribir Castillos en el Aire, debió ser un héroe alguna vez. Y más sabe el diablo por viejo que por diablo. Eso lo sabe hasta un niño de cuatro años. Al menos, el hijo de la Yoya lo tiene clarito. Y tiene cuatro.
Le han cantado de todo, baladas de amor, cumbias calentonas, cuartetos del terror. Pero Ulises Soto es un hombre precavido y en vez de cera usa un mp3 con canciones de Alberto Cortez que, según él, para escribir Castillos en el Aire, debió ser un héroe alguna vez. Y más sabe el diablo por viejo que por diablo. Eso lo sabe hasta un niño de cuatro años. Al menos, el hijo de la Yoya lo tiene clarito. Y tiene cuatro.
Wednesday, May 28, 2008
NOSOTROS

¿Te acuerdas? Íbamos a refundar la ciudad. Éramos los más bellos y sensibles, una tropa de almas canallas dispuestas a todo por cambiar de lugar las estatuas. Levantaríamos las espadas y insuflaríamos a las tropas. Aún nos veo borrachos caminando por las calles preguntándonos ingenuamente qué diablos sería el amor. Éramos agua en estado puro. Íbamos a lavar los pies de las más hermosas y saldríamos a conquistar imperios para ellas. Porque los héroes llenaban papeles con poemas robados a los luminosos y los hacíamos pasar por propios sin vergüenza alguna. El vino fue la sangre que bebíamos en la homilía de los valientes. Íbamos a morder corazones, dejarnos estrujar entre las piernas más bellas.
Poco y nada de esos somos hoy y poco y nada importa. La verdad ya nada importa mucho.
Habíamos leído innumerables veces finales como estos. Sabíamos que seríamos fruta en el suelo picoteada por pájaros, habitada por gusanos. Estamos solos, pero no solos. Más bien abandonados por nosotros mismos. Como todos. Al menos por un par de días fuimos los mejores.
¿Te acuerdas? Íbamos a refundar la ciudad pero la ciudad nos tomó por sorpresa. Lo sabíamos. Lo sabíamos. Todo acabó rápidamente. Subestimamos el poder del oponente y nos quedamos dormidos el día del enfrentamiento. Caballos de realidad pasaron sobre nuestras carpas y quedamos indefensos ante las lanzas del enemigo.
Hoy somos estatuas de los que fuimos mojándonos en la lluvia, fríos, solitarios, endurecidos. Pero de cuando en cuando viene esa gente extraña que dice discursos y nos deja flores. A veces estamos a punto de dejar caer una lágrima pero reculamos. Porque los héroes, amigos míos, rara vez lloran. Y aunque les duela el presente o el peso de este destino, volvemos a vernos jóvenes, fuertes y canallas alzando con alegría nuestras casi vacías copas de vino.
Poco y nada de esos somos hoy y poco y nada importa. La verdad ya nada importa mucho.
Habíamos leído innumerables veces finales como estos. Sabíamos que seríamos fruta en el suelo picoteada por pájaros, habitada por gusanos. Estamos solos, pero no solos. Más bien abandonados por nosotros mismos. Como todos. Al menos por un par de días fuimos los mejores.
¿Te acuerdas? Íbamos a refundar la ciudad pero la ciudad nos tomó por sorpresa. Lo sabíamos. Lo sabíamos. Todo acabó rápidamente. Subestimamos el poder del oponente y nos quedamos dormidos el día del enfrentamiento. Caballos de realidad pasaron sobre nuestras carpas y quedamos indefensos ante las lanzas del enemigo.
Hoy somos estatuas de los que fuimos mojándonos en la lluvia, fríos, solitarios, endurecidos. Pero de cuando en cuando viene esa gente extraña que dice discursos y nos deja flores. A veces estamos a punto de dejar caer una lágrima pero reculamos. Porque los héroes, amigos míos, rara vez lloran. Y aunque les duela el presente o el peso de este destino, volvemos a vernos jóvenes, fuertes y canallas alzando con alegría nuestras casi vacías copas de vino.
Sunday, May 18, 2008
HELLO, I LOVE YOU
De vuelta al blog. A hablar. No se sabe bien por qué, pero por algo será,
dicen en el comando de la resistencia.
Porque algo habrá que hablar.
Sobre alguna cosa. Sobre las traiciones.
Y los perdones.
Y los sueños.
Y las despertadas.
Y tus piernas.
Y las conversaciones con perros.
Y la espada en la mano.
Y la boca en el barro.
Y Peter Sellers.
Y el fan club de los ángeles.
Y el olor en un cuello.
Y el viaje con cera en los oídos
amarrado a un mástil.
Y el rayo de luz.
Y el túnel.
Y el sabor de la victoria.
Y la medusa en el reflejo del escudo.
Y la digestión del dolor.
Y sobre ellos, los forajidos celestes.
Y los otros, los santos de negro.
Y esos, los correctos pusilánimes.
Y nosotros, los testigos del alba.
A veces de fiesta, a veces como ánimas.
Sunday, March 16, 2008
LETRA
In the still of the night, in the world's ancient light
Where wisdom grows up in strife
My bewildering brain, toils in vain
Through the darkness on the pathways of life
Each invisible prayer is like a cloud in the air
Tomorrow keeps turning around
We live and we die, we know not why
But I'll be with you when the deal goes down
We eat and we drink, we feel and we think
Far down the street we stray
I laugh and I cry and I'm haunted by
Things I never meant nor wished to say
The midnight rain follows the train
We all wear the same thorny crown
Soul to soul, our shadows roll
And I'll be with you when the deal goes down
The moon gives light and shines by night
I scarcely feel the glow
We learn to live and then we forgive
O'er the road we're bound to go
More frailer than the flowers, these precious hours
That keep us so tightly bound
You come to my eyes like a vision from the skies
And I'll be with you when the deal goes down
I picked up a rose and it poked through my clothes
I followed the winding stream
I heard the deafening noise, I felt transient joys
I know they're not what they seem
In this earthly domain, full of disappointment and pain
You'll never see me frown
I owe my heart to you, and that's sayin' it true
And I'll be with you when the deal goes down
BOB DYLAN, WHEN THE DEAL GOES DOWN, MODERN TIMES, 2006
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Thursday, January 03, 2008
Thursday, November 29, 2007
Wednesday, November 14, 2007
EJERCICIO 19: TODOS EN EL PARTIDOR
Le quedaba una luca de las treinta que llevó al hipódromo. Había sido una tarde infernal en materia de ganancia, pero de tranquilidad por el clima. La primavera es así, brisas tibias, el sol en las hojas de los árboles y los hipódromos tienen más que carreras. Te dan la posibilidad de, entre apuesta y apuesta, disfrutar un espacio abierto, pasar una tarde en un pedazo de tierra amplio dentro de una ciudad de cemento.
Partió a la troya a conversar con Juanito, a ver si tenía algún dato bueno, pero uno de verdad jugoso porque los anteriores habían sido como el natre. Juanito era preparador del stud "Nenecita" y llevaba más de treinta años soplando cosas que escuchaba, pero no a todos, sólo a los cercanos, los amigos de siempre y los hijos de ellos. Y él había heredado a Juanito de su padre, que ya no iba al hipódromo ni a ninguna parte porque se había ido al patio de los callados una tarde de carreras hace doce años. Lo curioso de su muerte es que en sus manos quedó un boleto con una trifecta perfecta, la única plata que recibió la familia de parte de él, porque lo que le llegaba a las manos lo jugaba soñando en dar vuelta alguna vez las cajas del hipódromo.
"Rocky cuatro va patrás don Julián", dijo Juanito paseándolo, "se ve como si fuera un pegaso pero le gana hasta mi perro hoy día", comentó casi susurrando. "Vaya por Republicano, está pagando bien y lo van a soltar hoy". Sentenció con la clásica convicción del datero profesional. Convicción que casi siempre queda en la impunidad más grande cuando el dato llega último. Porque siempre se vuelve al datero como volvían las tribus a preguntarle al chamán (el hipódromo es campo fértil para todo tipo de ritual).
Partió entonces a la caja y dijo "ganador al nueve" (los hombres de verdad nunca juegan a placé, eso es para las señoritas). "Ahora sí que sí" le dijo la Marita, que lo conocía de la época en que andaba comiendo helado de piña acompañando al papá y que lo quería como a un hijo. La Marita llevaba sesenta años de trabajo en el hipódromo y había visto nacer y morir parroquianos, perder y ganar fortunas. Cortaba el ticket con la mano en los años cincuenta y ahora se manejaba como reina con la máquina del teletrack. Un par de veces le entregó sus boletos a Pedro Aguirre Cerda y a Salvador Allende. Incluso una vez pudo estar con Omar Shariff, de quién había dicho viviría y moriría enamorada porque era de esos caballeros que ya no existían. Detrás de ella estaba la foto que se tomó ese día. Ella y el sheik eran uno para siempre.
Se fue a sentar a la galería pensando en los años que había visto la foto de la Marita y de pronto miró la tarde con otros ojos, respiró profundo y se sintió curiosamente feliz cuando salieron los caballos a la pista. Pucha que son bonitas las casaquillas y pucha que son bonitos los caballos, qué animal más magnífico y elegante, no haber nacido caballo, se dijo casi en voz alta. La tarde estaba como nunca y una luca más o una luca menos daba lo mismo. Lo importante era vivir la carrera como se merece, creer ver que tu caballo partió entre los primeros y que por los palos o por fuera se meterá, que cuando den vuelta a la curva y entren a tierra derecha verás volar al que representa a tu luca. Probablemente se volvería a la casa a pata pero bueno, el que nada apuesta nada gana, pensó como le enseño su padre. Y con eso basta.
Sintió un poco de hambre pero nada muy grave porque era un poco de hambre y los que saben lo que es tener mucha se aguantan sin problemas. Además, antes de una carrera la boca se te seca y el hambre se olvida porque la adrenalina sube y el estómago se congela. Aunque igual un jamón palta del carrito no estaría nada de mal. Si gano me lo como, si no, no, pensó. Los apostadores son tipos maduros. Saben perder y disfrutan ganar.
Pasados unos minutos escucha que Fernando Poblete, el relator clásico del hipódromo dice con la misma quirúrgica y neutra voz de siempre "todos en el partidor". Se pone de pie y dispone sus dedos para chasquearlos y la garganta para batirla. Se abren los partidores. "Partieron". Y ya está todo consumado. Así es como caen los valientes, y así es como también a veces conocen la gloria.
Partió a la troya a conversar con Juanito, a ver si tenía algún dato bueno, pero uno de verdad jugoso porque los anteriores habían sido como el natre. Juanito era preparador del stud "Nenecita" y llevaba más de treinta años soplando cosas que escuchaba, pero no a todos, sólo a los cercanos, los amigos de siempre y los hijos de ellos. Y él había heredado a Juanito de su padre, que ya no iba al hipódromo ni a ninguna parte porque se había ido al patio de los callados una tarde de carreras hace doce años. Lo curioso de su muerte es que en sus manos quedó un boleto con una trifecta perfecta, la única plata que recibió la familia de parte de él, porque lo que le llegaba a las manos lo jugaba soñando en dar vuelta alguna vez las cajas del hipódromo.
"Rocky cuatro va patrás don Julián", dijo Juanito paseándolo, "se ve como si fuera un pegaso pero le gana hasta mi perro hoy día", comentó casi susurrando. "Vaya por Republicano, está pagando bien y lo van a soltar hoy". Sentenció con la clásica convicción del datero profesional. Convicción que casi siempre queda en la impunidad más grande cuando el dato llega último. Porque siempre se vuelve al datero como volvían las tribus a preguntarle al chamán (el hipódromo es campo fértil para todo tipo de ritual).
Partió entonces a la caja y dijo "ganador al nueve" (los hombres de verdad nunca juegan a placé, eso es para las señoritas). "Ahora sí que sí" le dijo la Marita, que lo conocía de la época en que andaba comiendo helado de piña acompañando al papá y que lo quería como a un hijo. La Marita llevaba sesenta años de trabajo en el hipódromo y había visto nacer y morir parroquianos, perder y ganar fortunas. Cortaba el ticket con la mano en los años cincuenta y ahora se manejaba como reina con la máquina del teletrack. Un par de veces le entregó sus boletos a Pedro Aguirre Cerda y a Salvador Allende. Incluso una vez pudo estar con Omar Shariff, de quién había dicho viviría y moriría enamorada porque era de esos caballeros que ya no existían. Detrás de ella estaba la foto que se tomó ese día. Ella y el sheik eran uno para siempre.
Se fue a sentar a la galería pensando en los años que había visto la foto de la Marita y de pronto miró la tarde con otros ojos, respiró profundo y se sintió curiosamente feliz cuando salieron los caballos a la pista. Pucha que son bonitas las casaquillas y pucha que son bonitos los caballos, qué animal más magnífico y elegante, no haber nacido caballo, se dijo casi en voz alta. La tarde estaba como nunca y una luca más o una luca menos daba lo mismo. Lo importante era vivir la carrera como se merece, creer ver que tu caballo partió entre los primeros y que por los palos o por fuera se meterá, que cuando den vuelta a la curva y entren a tierra derecha verás volar al que representa a tu luca. Probablemente se volvería a la casa a pata pero bueno, el que nada apuesta nada gana, pensó como le enseño su padre. Y con eso basta.
Sintió un poco de hambre pero nada muy grave porque era un poco de hambre y los que saben lo que es tener mucha se aguantan sin problemas. Además, antes de una carrera la boca se te seca y el hambre se olvida porque la adrenalina sube y el estómago se congela. Aunque igual un jamón palta del carrito no estaría nada de mal. Si gano me lo como, si no, no, pensó. Los apostadores son tipos maduros. Saben perder y disfrutan ganar.
Pasados unos minutos escucha que Fernando Poblete, el relator clásico del hipódromo dice con la misma quirúrgica y neutra voz de siempre "todos en el partidor". Se pone de pie y dispone sus dedos para chasquearlos y la garganta para batirla. Se abren los partidores. "Partieron". Y ya está todo consumado. Así es como caen los valientes, y así es como también a veces conocen la gloria.
Saturday, November 10, 2007
Thursday, November 08, 2007
EJERCICIO 18: FAUNA MARINA
- ¿Sabís lo que pasa? Se cree la raja. Es un huevón mesiánico que cree que tiene una verdad que decirle al mundo.
- ¿Cómo se llaman esos? ¿Megamónomos?
- Megalómanos.
- Eso. Ese huevón es un megalónamo.
- Megalómano.
- Esa huevá.
- Yo nunca he querido ser nada especial, nunca fui famoso, no seré millonario, no quiero ser portada ni quiero salir en un puzzle. Me gusta esto. Con esto estoy pagado.
- Pa qué esas webadas. Pa qué.
- Ese huevón sí quiere. Algo quiere. Se siente "especial". Pero no lo dice. Habla de "pasión".
- Loco e' mierda. "Pasión", ¿pa' qué esa huevá? Egocéntrimo.
- Egocéntrico.
- Esa huevá.
- Me caen mal todos esos iluminados que quieren cambiar al mundo. Lo malo es que les va la raja, hay harto huevón que les compra el boleto, como que les tienen respeto porque van con sus prédicas a vender la pomada.
- Eco. Y todas las huecas los siguen.
- A quién le importan las huecas. Tienen la cabeza llena de plumas y son puro cuerpo.
- Yo no quiero fans. Escribo pa' mí.
- Pa qué. Pa qué esa huevá. Yo feliz con el domingo.
- Con eso estamos listos. Claro. Qué increíble que le paguen lo que quiere.
- La gente está loca.
- La gente cree en puras leseras. Yo lo hacía mucho mejor que él.
- Pero es que tú eres muy inteligente. Un incomprendido. No eres superflicial.
- Superficial.
- Esa huevá.
- Además tiene contactos. No hablemos más de él mejor, me arden las sienes.
- No, siempre terminamos hablando de él. Callémonos mejor.
- ¿Otra mosca pa' pasar el mal rato?
- Otra mosca. Qué le hace el agua al pescado.
Monday, November 05, 2007
EJERCICIO 15: EL POTASIO ES UN ELEMENTO METÁLICO

Caminabas rápido, hablabas solo, despotricabas contras los otros, rabiabas contra el mundo, contra ti, contra los abusadores, los calculadores, los burlones que dejaste detrás de esa puerta que cerraste para siempre.
"chis, le quedó abierta parece", dijo don Juan el Portero, acostumbrado a los perlas que estudiaban en ese colegio, puros niñitos bien educados mal.
Hacía frío, había llovido, pero pisabas las pozas como haciendo pedazos los océanos, como queriendo levantar olas y con ellas hacer maremotos, tsunamis, arrasar al universo para ahogarlo todo y a todos, hacer cráteres en el cemento con tus bototos, esos horribles bototos que heredaste de tu hermano.
"Pero mijito, mire los pantalones y los zapatos, no hay derecho, ¿acaso no sabe cuánto cuestan las cosas?", dijo tu madre con molestia y resignación a la vez ante el animalito que había críado, del que sabía nada y poco aunque creyera lo contrario.
Ese noche te acostaste sin comer, por primera vez no pudiste dormir, pensando en como le daba besos ese tarado y como los correspondía; el mismo que alguna vez te golpeó porque no le diste a tiempo el pase gol en el partido contra los cuartos y que se ponía un espejo en el zapato para mirarle el poto cuando estábamos en la fila.
"Tómese un vaso de leche tibia", le dijo la abuela que lo encontró mirando el techo y siguió su camino al baño a lavar su placa mientras hacía ese insufrible ruido con la lengua.
Al final tomaste el cuaderno y estudiaste algo de química, sólo por tratar de olvidar el horror de ver como le hacía cariño en el pelo, tus bototos, a tu madre y a tu abuela, aprendiste de memoria y para siempre que el potasio es un elemento metálico, extremadamente blando y químicamente reactivo, que es un metal alcalino y que su número atómico es 19.
Monday, October 29, 2007
PEQUEÑO VIDEO PRIMAVERAL

Caminas. A paso lento.
Los audífonos como tus únicos consejeros.
Una canción. Esa guitarra. Esa letra.
El río corre hacia el mar, como siempre.
La gente corre quizás hacia qué lugar.
Trabajan.
Sacas las manos de los bolsillos,
se camina mejor con las manos de péndulos.
Tus dedos juegan con unas llaves.
Un anciano saluda al hombre del quiosco. Le pide un diario.
Un estudiante pelea con su moto que no parte.
Una chica guapa con audífonos pasa sin mirarte.
Corre una brisa más fresca.
Hora de volver si no andas con abrigo.
Unos escolares se dan besos, se comen a besos,
a ella se le ven los calzones, no le importa,
no le importa nada en el mundo,
le importa el beso, la mano de él, la piel.
Desaparecen las palabras.
Recuerdas una conversación. La sensación de la conversación.
Te ríes. Una señora que barre te mira.
La saludas. Ella se entra en la tienda. Continúas.
Y vuelves a reír.
En la televisión de la vitrina lees Pasiones.
Y te asombras. Te detienes.
¿Quién te habla? ¿Quién manda el mensaje?
Una canción. Esa guitarra. Esa letra.
El río corre hacia el mar, como siempre.
La gente corre quizás hacia qué lugar.
Trabajan.
Sacas las manos de los bolsillos,
se camina mejor con las manos de péndulos.
Tus dedos juegan con unas llaves.
Un anciano saluda al hombre del quiosco. Le pide un diario.
Un estudiante pelea con su moto que no parte.
Una chica guapa con audífonos pasa sin mirarte.
Corre una brisa más fresca.
Hora de volver si no andas con abrigo.
Unos escolares se dan besos, se comen a besos,
a ella se le ven los calzones, no le importa,
no le importa nada en el mundo,
le importa el beso, la mano de él, la piel.
Desaparecen las palabras.
Recuerdas una conversación. La sensación de la conversación.
Te ríes. Una señora que barre te mira.
La saludas. Ella se entra en la tienda. Continúas.
Y vuelves a reír.
En la televisión de la vitrina lees Pasiones.
Y te asombras. Te detienes.
¿Quién te habla? ¿Quién manda el mensaje?
Saturday, October 27, 2007
VOLVER AL CENTRO

Cuando uno vuelve al centro
Pierde la posibilidad de conocer
Los encantos de la periferia
Las calles son las mismas
Los almacenes conocidos
Hay alguien que te saluda
La misma puerta te reconoce
Llega el momento en que vuelves de un viaje
dejas las maletas y miras los fotos
Te envuelve una cierta nostalgia
Piensas en vivir allá donde apenas intuiste una vida
Pero eres un animal de costumbre
Donde haya pan, agua y naranjas estás bien
Pero eres un animal de seguridad
Donde haya abrazos, una reja y un techo estás ok
Vuelves al centro y cuando lo haces
pierdes la posibilidad de conocer
los encantos de la misteriosa periferia
Y tampoco importa mucho
Aún tienes la maleta en la puerta
Tarde o temprano pondrás
libros, discos y tu conocida simpatía
Saldrás a la calle, cerrarás la reja
Dejarás el centro atrás de nuevo
olvidarás todo lo que muere
y tomarás sin culpas
Sorbos grandes
La vida
Wednesday, October 24, 2007
EJERCICIO 12: ALEJANDRA, intentando una historia simple
Estaba mirando la playa a través de los ventanales, pensando en lo difícil que es escribir bien, resumir ideas, desarrollar conflictos que no existen, cuando se enciende mi celular (lo tengo en silencio, desde que no estoy en la ciudad me propuse olvidar el sonido de ese aparato).
La pantalla decía "Ale". Ale. La Ale. La Ale... ¿Por qué me estaba llamando después de tanto tiempo? ¿Por qué me llamaba después de jurar no llamarme más? Habían pasado dos años de eso y sentía que la había olvidado casi por completo. Lo de casi es bien preciso, porque sepulté lo malo que fue el último período juntos pero reconozco que después de otras bocas la suya siempre aparecía en la memoria. No había boca como la de la Ale, no existen labios como los suyos, y me había resignado a que nunca más volvería a besos así. Que había sido lo suficientemente afortunado al haberlos tenido alguna vez en mi boca, en mi cuello, en mi pecho. Porque pocos en el mundo habían tenido la suerte de toparse con eso besos. De eso estaba seguro después de una cata de besos antes y después. Y vaya que son importantes porque un beso es la tarjeta de presentación de ejercicios amatorios posteriores y más profundo aún, de la manera de amar y entregar. Y la Ale amaba, amaba como si la vida se le desparramara sin solución.
¿Contestar o no contestar? Daba un poco lo mismo, lo bueno de los celulares es que queda registro de la llamada, y uno puede devolverla cuando se sienta preparado a hacerlo. Después puedes inventar que estabas en la ducha, en el jardín, que estabas salvando a un grupo scout de morir ahogado, que a esa hora practicas meditación trascendental, o bien, menos hollywodense, que habías salido simplemente a comprar el pan, el celular no anda bien y me ha dado lata cambiar el aparato ya que cada vez llamo a menos gente y menos gente quiere comunicarse conmigo. Me fui del trabajo peleado con todos o casi todos, básicamente porque en esa maldita empresa los puñales iban y venían y había que ser un ninja por los pasillos. Por lo mismo, por no fallar ni dejar espacio para ser traicionado, ya casi no me juntaba con mis verdaderos amigos. Vivía para sobrevivir y moría lentamente trabajando casi quince horas diarias.
Se apaga el celular y me quedo unos segundos en silencio. Me levanto de la silla, lo tomo en mi mano, camino hacia el ventanal, lo abro, escucho más nítidamente el mar y pienso que me gustaría que la Alejandra me escuchara con ese sonido de fondo. Infántil, lo sé, pero seamos honestos: los hombres también se maquillan a su manera.
En eso se ilumina nuevamente el teléfono, y rápidamente me siento en la silla de playa que está a mi lado, me tapo con la manta de polar que me gané en la promoción Copec y, calmando un poco la respiración, contesto.
- Hola... Pablo...- escucho su voz al otro lado. Seguía siendo ella que decía hola en vez de aló y esa estupidez me mataba aunque nunca lo supo.
- Aló... sí Pablo, ¿quién?- No sé por qué motivo no la llamé por su nombre de inmediato. Hay cosas que aún no puedo solucionar del todo en esto de madurar.
- No puedo creer que haya sido todo tan malo... ¿Borraste mi teléfono?- dice ella con dulzura y con sonrisa, oh, la sonrisa de la Alejandra.
- ¿Alejandra? - intento hacer el papel de mi vida diciendo su nombre en formato de pregunta- No, no, no he borrado tu teléfono, por favor, es que el visor de la pantalla falla a veces, tengo que cambiar el celular... - respiro profundo para no ponerme tartamudo- qué bueno escucharte... tanto tiempo...
- Sí pues, tanto tiempo... había pensado llamarte pero me imaginé que no sería lo correcto, que bueno, que no me dirías que era bueno escucharme...
- ¿Y por qué no sería bueno? -dije con una convicción sorprendente, más para mí que para ella, creo- si ha pasado el tiempo y fue, no sé, ¿importante lo que vivimos?
- ¿Dónde estás?- dijo - escucho el mar.
- En Maitencillo, en la casa un amigo que acaba de ser papá y no puede venirse por un rato y me la prestó por este mes... a caballo regalado...
- ¿Y ya no estás trabajando que tienes un mes para estar en la playa?- dijo y me dio algo de pena que lo dijera, el enano egoísta que uno tiene adentro tiende a pensar que aquellas personas que te quisieron saben más de tu vida que tú mismo.
- Eh... no, no estoy trabajando, renuncié hace un par de meses y nada, es largo de contar pero estoy bien, contento, tengo vocación de vagoneta y además, como no tenía grandes deudas y algunos ahorros, preferí parar para saber qué quiero, para dónde voy, en fin...
- Me alegro por ti, antes de no vernos más ya estabas aburrido de tanto viaje y tanta oficina. ¿no? Trabajabas demasiado, te hacía mal, casi ni sonreías, Pablo - apuntó con ternura, aunque duela escucharlo, su voz se ponía un poco ronca y suave, para no herir.
- Exacto, por ahí va la mano, uno tiene que caerse de cara al suelo para entender, es como aprender a caminar... estoy aprendiendo a caminar de nuevo, digamos... bueno, ¿y tú? Te casaste, tienes hijos, ¿en qué estás? - sabía que no se había casado, que llevaba unos seis meses sin el que me reemplazó, el que tenía tiempo y risas para ella, pero ya lo dije, hay cosas que aún no soluciono del todo aunque he tratado de superarlas. Sigo imbécil pero trato de controlarlo.
- Nada, estoy soltera, terminé, también con la universidad hace unos tres meses y no me decido todavía a buscar trabajo, me compré un auto chico pero eficiente con lo que gané trabajando en la agencia, y me acordé de ti y quise llamarte.......
- ¿Y te fue bien con el postgrado?- dije mientras me rascaba la nariz, cuando estoy nervioso la nariz me pica y es infernal como pica, como si se llenara de hormigas.
- Pasé, lo terminé, con eso basta, al final estaba bien reventada y llegué con las uñas al final del último semestre, pero ya cerré eso.
- Me alegro tanto por ti, ahora tienes algo de tiempo para pensar- dije con auténtica felicidad.
- Y para vivir, que es lo principal, ¿no? Y tú... ¿estás solo en la playa?
- Sí, solo- dije de inmediato antes de empezar con mis tics neuróticos.
- Es que justo pensaba ir a la playa mañana viernes con unas amigas que tienen casa por ahí y no sé, ahora que sé que andas por allá... y que no te extraña tanto escucharme... decía yo... veámonos, como amigos...
- ¿Cómo amigos? qué fome -dije intentando recuperar al canchero que perdí por tanta reunión, qué patético es uno a ratos- pero pasa a verme y ahí conversamos largo, el teléfono es frío y casi tan raro como el messenger, donde nunca sabes si el otro está enojado o bromeando, si caes bien o mal con esas caras amarillas... ven a verme, en serio, quiero verte- dije a quemarropa, hubo un pequeño silencio de segundo y medio que me pareció un día y medio.
- ¿En serio? ¡Feliz paso a verte!- dijo con la misma alegría frutal de antes. La mantenía y eso me alegró como pocas cosas en el último año. Mucho más que con su cierre de postgrado.
- ¿Te doy la dirección?
- Te llamo mañana en la tarde para pedírtela mejor, yo creo que vamos a salir tipo cuatro de acá, estaremos por allá como a las seis- la mejor hora para llegar, pensé. Alcanzo a ordenar mañana en la mañana, cocino tipo una y media, me duermo una siesta, si es que puedo dormir sabiendo que viene a la casa.
- Todo bien a esa hora... -no pude contenerme y me dejé hablar honestamente- Qué bueno escucharte, Ale, en serio, tenía hartas ganas de verte, y el tiempo pasa y nos vamos poniendo cada vez más insensibles y lentos- otra vez me sorprendo de mí, pero bah, mejor sorprenderse de uno que aburrirse de uno, y de esto último ya tenía demasiado- te voy a tener un vinito blanco, ceviche y alcachofas, una mezcla rara pero es lo que hay... mayonesa casera también puede haber, una oferta irresistible en esta época pésima de mayonesa envasada, una perversión de la modernidad...
- ¡Alcachofas, me matan las alcachofas, lo sabes!¡Y el ceviche también!¡Ya!¡qué hermosura! Ahora tengo que irme pero nos vemos mañana Pablo, sin falta! Un beso! Cuidate!
- Otro, ¡pero llámame pues!- ¿habrá sonado muy arrastrado esto último? Tampoco importa.
- Lo haré... ya, qué rico... beso otra vez, chau Pablo, hasta mañana- Chau... como le suena el chau, como le suena ese chau... dan ganas de irse a la playa y en revolcarse en la arena escuchando su chau!
- ¡Chao, nos vemos!- digo y corto. Corto y me quedo sin aire. Me quedo echado, en silencio, me paso las manos por la cara y respiro hondo. Me dan ganas de gritar pero me contengo. La vida es un círculo, me digo en voz alta, y que bueno que sea así. Ahora bien... ¿dónde mierda encuentro alcachofas? ¿Es época de alcachofas cierto? ella me hubiera dicho que no habían, si ella come esas flores día por medio... ya, tendrán que haber, y ¿cómo hago la mayonesa? ¿Estará mi mamá en su casa ahora?
La pantalla decía "Ale". Ale. La Ale. La Ale... ¿Por qué me estaba llamando después de tanto tiempo? ¿Por qué me llamaba después de jurar no llamarme más? Habían pasado dos años de eso y sentía que la había olvidado casi por completo. Lo de casi es bien preciso, porque sepulté lo malo que fue el último período juntos pero reconozco que después de otras bocas la suya siempre aparecía en la memoria. No había boca como la de la Ale, no existen labios como los suyos, y me había resignado a que nunca más volvería a besos así. Que había sido lo suficientemente afortunado al haberlos tenido alguna vez en mi boca, en mi cuello, en mi pecho. Porque pocos en el mundo habían tenido la suerte de toparse con eso besos. De eso estaba seguro después de una cata de besos antes y después. Y vaya que son importantes porque un beso es la tarjeta de presentación de ejercicios amatorios posteriores y más profundo aún, de la manera de amar y entregar. Y la Ale amaba, amaba como si la vida se le desparramara sin solución.
¿Contestar o no contestar? Daba un poco lo mismo, lo bueno de los celulares es que queda registro de la llamada, y uno puede devolverla cuando se sienta preparado a hacerlo. Después puedes inventar que estabas en la ducha, en el jardín, que estabas salvando a un grupo scout de morir ahogado, que a esa hora practicas meditación trascendental, o bien, menos hollywodense, que habías salido simplemente a comprar el pan, el celular no anda bien y me ha dado lata cambiar el aparato ya que cada vez llamo a menos gente y menos gente quiere comunicarse conmigo. Me fui del trabajo peleado con todos o casi todos, básicamente porque en esa maldita empresa los puñales iban y venían y había que ser un ninja por los pasillos. Por lo mismo, por no fallar ni dejar espacio para ser traicionado, ya casi no me juntaba con mis verdaderos amigos. Vivía para sobrevivir y moría lentamente trabajando casi quince horas diarias.
Se apaga el celular y me quedo unos segundos en silencio. Me levanto de la silla, lo tomo en mi mano, camino hacia el ventanal, lo abro, escucho más nítidamente el mar y pienso que me gustaría que la Alejandra me escuchara con ese sonido de fondo. Infántil, lo sé, pero seamos honestos: los hombres también se maquillan a su manera.
En eso se ilumina nuevamente el teléfono, y rápidamente me siento en la silla de playa que está a mi lado, me tapo con la manta de polar que me gané en la promoción Copec y, calmando un poco la respiración, contesto.
- Hola... Pablo...- escucho su voz al otro lado. Seguía siendo ella que decía hola en vez de aló y esa estupidez me mataba aunque nunca lo supo.
- Aló... sí Pablo, ¿quién?- No sé por qué motivo no la llamé por su nombre de inmediato. Hay cosas que aún no puedo solucionar del todo en esto de madurar.
- No puedo creer que haya sido todo tan malo... ¿Borraste mi teléfono?- dice ella con dulzura y con sonrisa, oh, la sonrisa de la Alejandra.
- ¿Alejandra? - intento hacer el papel de mi vida diciendo su nombre en formato de pregunta- No, no, no he borrado tu teléfono, por favor, es que el visor de la pantalla falla a veces, tengo que cambiar el celular... - respiro profundo para no ponerme tartamudo- qué bueno escucharte... tanto tiempo...
- Sí pues, tanto tiempo... había pensado llamarte pero me imaginé que no sería lo correcto, que bueno, que no me dirías que era bueno escucharme...
- ¿Y por qué no sería bueno? -dije con una convicción sorprendente, más para mí que para ella, creo- si ha pasado el tiempo y fue, no sé, ¿importante lo que vivimos?
- ¿Dónde estás?- dijo - escucho el mar.
- En Maitencillo, en la casa un amigo que acaba de ser papá y no puede venirse por un rato y me la prestó por este mes... a caballo regalado...
- ¿Y ya no estás trabajando que tienes un mes para estar en la playa?- dijo y me dio algo de pena que lo dijera, el enano egoísta que uno tiene adentro tiende a pensar que aquellas personas que te quisieron saben más de tu vida que tú mismo.
- Eh... no, no estoy trabajando, renuncié hace un par de meses y nada, es largo de contar pero estoy bien, contento, tengo vocación de vagoneta y además, como no tenía grandes deudas y algunos ahorros, preferí parar para saber qué quiero, para dónde voy, en fin...
- Me alegro por ti, antes de no vernos más ya estabas aburrido de tanto viaje y tanta oficina. ¿no? Trabajabas demasiado, te hacía mal, casi ni sonreías, Pablo - apuntó con ternura, aunque duela escucharlo, su voz se ponía un poco ronca y suave, para no herir.
- Exacto, por ahí va la mano, uno tiene que caerse de cara al suelo para entender, es como aprender a caminar... estoy aprendiendo a caminar de nuevo, digamos... bueno, ¿y tú? Te casaste, tienes hijos, ¿en qué estás? - sabía que no se había casado, que llevaba unos seis meses sin el que me reemplazó, el que tenía tiempo y risas para ella, pero ya lo dije, hay cosas que aún no soluciono del todo aunque he tratado de superarlas. Sigo imbécil pero trato de controlarlo.
- Nada, estoy soltera, terminé, también con la universidad hace unos tres meses y no me decido todavía a buscar trabajo, me compré un auto chico pero eficiente con lo que gané trabajando en la agencia, y me acordé de ti y quise llamarte.......
- ¿Y te fue bien con el postgrado?- dije mientras me rascaba la nariz, cuando estoy nervioso la nariz me pica y es infernal como pica, como si se llenara de hormigas.
- Pasé, lo terminé, con eso basta, al final estaba bien reventada y llegué con las uñas al final del último semestre, pero ya cerré eso.
- Me alegro tanto por ti, ahora tienes algo de tiempo para pensar- dije con auténtica felicidad.
- Y para vivir, que es lo principal, ¿no? Y tú... ¿estás solo en la playa?
- Sí, solo- dije de inmediato antes de empezar con mis tics neuróticos.
- Es que justo pensaba ir a la playa mañana viernes con unas amigas que tienen casa por ahí y no sé, ahora que sé que andas por allá... y que no te extraña tanto escucharme... decía yo... veámonos, como amigos...
- ¿Cómo amigos? qué fome -dije intentando recuperar al canchero que perdí por tanta reunión, qué patético es uno a ratos- pero pasa a verme y ahí conversamos largo, el teléfono es frío y casi tan raro como el messenger, donde nunca sabes si el otro está enojado o bromeando, si caes bien o mal con esas caras amarillas... ven a verme, en serio, quiero verte- dije a quemarropa, hubo un pequeño silencio de segundo y medio que me pareció un día y medio.
- ¿En serio? ¡Feliz paso a verte!- dijo con la misma alegría frutal de antes. La mantenía y eso me alegró como pocas cosas en el último año. Mucho más que con su cierre de postgrado.
- ¿Te doy la dirección?
- Te llamo mañana en la tarde para pedírtela mejor, yo creo que vamos a salir tipo cuatro de acá, estaremos por allá como a las seis- la mejor hora para llegar, pensé. Alcanzo a ordenar mañana en la mañana, cocino tipo una y media, me duermo una siesta, si es que puedo dormir sabiendo que viene a la casa.
- Todo bien a esa hora... -no pude contenerme y me dejé hablar honestamente- Qué bueno escucharte, Ale, en serio, tenía hartas ganas de verte, y el tiempo pasa y nos vamos poniendo cada vez más insensibles y lentos- otra vez me sorprendo de mí, pero bah, mejor sorprenderse de uno que aburrirse de uno, y de esto último ya tenía demasiado- te voy a tener un vinito blanco, ceviche y alcachofas, una mezcla rara pero es lo que hay... mayonesa casera también puede haber, una oferta irresistible en esta época pésima de mayonesa envasada, una perversión de la modernidad...
- ¡Alcachofas, me matan las alcachofas, lo sabes!¡Y el ceviche también!¡Ya!¡qué hermosura! Ahora tengo que irme pero nos vemos mañana Pablo, sin falta! Un beso! Cuidate!
- Otro, ¡pero llámame pues!- ¿habrá sonado muy arrastrado esto último? Tampoco importa.
- Lo haré... ya, qué rico... beso otra vez, chau Pablo, hasta mañana- Chau... como le suena el chau, como le suena ese chau... dan ganas de irse a la playa y en revolcarse en la arena escuchando su chau!
- ¡Chao, nos vemos!- digo y corto. Corto y me quedo sin aire. Me quedo echado, en silencio, me paso las manos por la cara y respiro hondo. Me dan ganas de gritar pero me contengo. La vida es un círculo, me digo en voz alta, y que bueno que sea así. Ahora bien... ¿dónde mierda encuentro alcachofas? ¿Es época de alcachofas cierto? ella me hubiera dicho que no habían, si ella come esas flores día por medio... ya, tendrán que haber, y ¿cómo hago la mayonesa? ¿Estará mi mamá en su casa ahora?
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