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Wednesday, November 14, 2007

EJERCICIO 19: TODOS EN EL PARTIDOR



Le quedaba una luca de las treinta que llevó al hipódromo. Había sido una tarde infernal en materia de ganancia, pero de tranquilidad por el clima. La primavera es así, brisas tibias, el sol en las hojas de los árboles y los hipódromos tienen más que carreras. Te dan la posibilidad de, entre apuesta y apuesta, disfrutar un espacio abierto, pasar una tarde en un pedazo de tierra amplio dentro de una ciudad de cemento.
Partió a la troya a conversar con Juanito, a ver si tenía algún dato bueno, pero uno de verdad jugoso porque los anteriores habían sido como el natre. Juanito era preparador del stud "Nenecita" y llevaba más de treinta años soplando cosas que escuchaba, pero no a todos, sólo a los cercanos, los amigos de siempre y los hijos de ellos. Y él había heredado a Juanito de su padre, que ya no iba al hipódromo ni a ninguna parte porque se había ido al patio de los callados una tarde de carreras hace doce años. Lo curioso de su muerte es que en sus manos quedó un boleto con una trifecta perfecta, la única plata que recibió la familia de parte de él, porque lo que le llegaba a las manos lo jugaba soñando en dar vuelta alguna vez las cajas del hipódromo.
"Rocky cuatro va patrás don Julián", dijo Juanito paseándolo, "se ve como si fuera un pegaso pero le gana hasta mi perro hoy día", comentó casi susurrando. "Vaya por Republicano, está pagando bien y lo van a soltar hoy". Sentenció con la clásica convicción del datero profesional. Convicción que casi siempre queda en la impunidad más grande cuando el dato llega último. Porque siempre se vuelve al datero como volvían las tribus a preguntarle al chamán (el hipódromo es campo fértil para todo tipo de ritual).
Partió entonces a la caja y dijo "ganador al nueve" (los hombres de verdad nunca juegan a placé, eso es para las señoritas). "Ahora sí que sí" le dijo la Marita, que lo conocía de la época en que andaba comiendo helado de piña acompañando al papá y que lo quería como a un hijo. La Marita llevaba sesenta años de trabajo en el hipódromo y había visto nacer y morir parroquianos, perder y ganar fortunas. Cortaba el ticket con la mano en los años cincuenta y ahora se manejaba como reina con la máquina del teletrack. Un par de veces le entregó sus boletos a Pedro Aguirre Cerda y a Salvador Allende. Incluso una vez pudo estar con Omar Shariff, de quién había dicho viviría y moriría enamorada porque era de esos caballeros que ya no existían. Detrás de ella estaba la foto que se tomó ese día. Ella y el sheik eran uno para siempre.
Se fue a sentar a la galería pensando en los años que había visto la foto de la Marita y de pronto miró la tarde con otros ojos, respiró profundo y se sintió curiosamente feliz cuando salieron los caballos a la pista. Pucha que son bonitas las casaquillas y pucha que son bonitos los caballos, qué animal más magnífico y elegante, no haber nacido caballo, se dijo casi en voz alta. La tarde estaba como nunca y una luca más o una luca menos daba lo mismo. Lo importante era vivir la carrera como se merece, creer ver que tu caballo partió entre los primeros y que por los palos o por fuera se meterá, que cuando den vuelta a la curva y entren a tierra derecha verás volar al que representa a tu luca. Probablemente se volvería a la casa a pata pero bueno, el que nada apuesta nada gana, pensó como le enseño su padre. Y con eso basta.
Sintió un poco de hambre pero nada muy grave porque era un poco de hambre y los que saben lo que es tener mucha se aguantan sin problemas. Además, antes de una carrera la boca se te seca y el hambre se olvida porque la adrenalina sube y el estómago se congela. Aunque igual un jamón palta del carrito no estaría nada de mal. Si gano me lo como, si no, no, pensó. Los apostadores son tipos maduros. Saben perder y disfrutan ganar.
Pasados unos minutos escucha que Fernando Poblete, el relator clásico del hipódromo dice con la misma quirúrgica y neutra voz de siempre "todos en el partidor". Se pone de pie y dispone sus dedos para chasquearlos y la garganta para batirla. Se abren los partidores. "Partieron". Y ya está todo consumado. Así es como caen los valientes, y así es como también a veces conocen la gloria.

Saturday, November 10, 2007

NUNCA



Amor de locos.
Y sin embargo,
nunca estarán juntos.

Thursday, November 08, 2007

EJERCICIO 18: FAUNA MARINA



- ¿Sabís lo que pasa? Se cree la raja. Es un huevón mesiánico que cree que tiene una verdad que decirle al mundo.
- ¿Cómo se llaman esos? ¿Megamónomos?
- Megalómanos.
- Eso. Ese huevón es un megalónamo.
- Megalómano.
- Esa huevá.
- Yo nunca he querido ser nada especial, nunca fui famoso, no seré millonario, no quiero ser portada ni quiero salir en un puzzle. Me gusta esto. Con esto estoy pagado.
- Pa qué esas webadas. Pa qué.
- Ese huevón sí quiere. Algo quiere. Se siente "especial". Pero no lo dice. Habla de "pasión".
- Loco e' mierda. "Pasión", ¿pa' qué esa huevá? Egocéntrimo.
- Egocéntrico.
- Esa huevá.
- Me caen mal todos esos iluminados que quieren cambiar al mundo. Lo malo es que les va la raja, hay harto huevón que les compra el boleto, como que les tienen respeto porque van con sus prédicas a vender la pomada.
- Eco. Y todas las huecas los siguen.
- A quién le importan las huecas. Tienen la cabeza llena de plumas y son puro cuerpo.
- Yo no quiero fans. Escribo pa' mí.
- Pa qué. Pa qué esa huevá. Yo feliz con el domingo.
- Con eso estamos listos. Claro. Qué increíble que le paguen lo que quiere.
- La gente está loca.
- La gente cree en puras leseras. Yo lo hacía mucho mejor que él.
- Pero es que tú eres muy inteligente. Un incomprendido. No eres superflicial.
- Superficial.
- Esa huevá.
- Además tiene contactos. No hablemos más de él mejor, me arden las sienes.
- No, siempre terminamos hablando de él. Callémonos mejor.
- ¿Otra mosca pa' pasar el mal rato?
- Otra mosca. Qué le hace el agua al pescado.

Monday, November 05, 2007

EJERCICIO 15: EL POTASIO ES UN ELEMENTO METÁLICO




Caminabas rápido, hablabas solo, despotricabas contras los otros, rabiabas contra el mundo, contra ti, contra los abusadores, los calculadores, los burlones que dejaste detrás de esa puerta que cerraste para siempre.

"chis, le quedó abierta parece", dijo don Juan el Portero, acostumbrado a los perlas que estudiaban en ese colegio, puros niñitos bien educados mal.

Hacía frío, había llovido, pero pisabas las pozas como haciendo pedazos los océanos, como queriendo levantar olas y con ellas hacer maremotos, tsunamis, arrasar al universo para ahogarlo todo y a todos, hacer cráteres en el cemento con tus bototos, esos horribles bototos que heredaste de tu hermano.

"Pero mijito, mire los pantalones y los zapatos, no hay derecho, ¿acaso no sabe cuánto cuestan las cosas?", dijo tu madre con molestia y resignación a la vez ante el animalito que había críado, del que sabía nada y poco aunque creyera lo contrario.

Ese noche te acostaste sin comer, por primera vez no pudiste dormir, pensando en como le daba besos ese tarado y como los correspondía; el mismo que alguna vez te golpeó porque no le diste a tiempo el pase gol en el partido contra los cuartos y que se ponía un espejo en el zapato para mirarle el poto cuando estábamos en la fila.

"Tómese un vaso de leche tibia", le dijo la abuela que lo encontró mirando el techo y siguió su camino al baño a lavar su placa mientras hacía ese insufrible ruido con la lengua.

Al final tomaste el cuaderno y estudiaste algo de química, sólo por tratar de olvidar el horror de ver como le hacía cariño en el pelo, tus bototos, a tu madre y a tu abuela, aprendiste de memoria y para siempre que el potasio es un elemento metálico, extremadamente blando y químicamente reactivo, que es un metal alcalino y que su número atómico es 19.

Monday, October 29, 2007

PEQUEÑO VIDEO PRIMAVERAL




Caminas. A paso lento.
Los audífonos como tus únicos consejeros.
Una canción. Esa guitarra. Esa letra.
El río corre hacia el mar, como siempre.
La gente corre quizás hacia qué lugar.
Trabajan.

Sacas las manos de los bolsillos,
se camina mejor con las manos de péndulos.
Tus dedos juegan con unas llaves.

Un anciano saluda al hombre del quiosco. Le pide un diario.
Un estudiante pelea con su moto que no parte.
Una chica guapa con audífonos pasa sin mirarte.
Corre una brisa más fresca.
Hora de volver si no andas con abrigo.

Unos escolares se dan besos, se comen a besos,
a ella se le ven los calzones, no le importa,
no le importa nada en el mundo,
le importa el beso, la mano de él, la piel.
Desaparecen las palabras.

Recuerdas una conversación. La sensación de la conversación.
Te ríes. Una señora que barre te mira.
La saludas. Ella se entra en la tienda. Continúas.
Y vuelves a reír.
En la televisión de la vitrina lees Pasiones.
Y te asombras. Te detienes.
¿Quién te habla? ¿Quién manda el mensaje?

Saturday, October 27, 2007

VOLVER AL CENTRO


Cuando uno vuelve al centro
Pierde la posibilidad de conocer
Los encantos de la periferia

Las calles son las mismas
Los almacenes conocidos
Hay alguien que te saluda
La misma puerta te reconoce

Llega el momento en que vuelves de un viaje
dejas las maletas y miras los fotos
Te envuelve una cierta nostalgia
Piensas en vivir allá donde apenas intuiste una vida

Pero eres un animal de costumbre
Donde haya pan, agua y naranjas estás bien
Pero eres un animal de seguridad
Donde haya abrazos, una reja y un techo estás ok

Vuelves al centro y cuando lo haces
pierdes la posibilidad de conocer
los encantos de la misteriosa periferia

Y tampoco importa mucho
Aún tienes la maleta en la puerta
Tarde o temprano pondrás
libros, discos y tu conocida simpatía
Saldrás a la calle, cerrarás la reja
Dejarás el centro atrás de nuevo
olvidarás todo lo que muere
y tomarás sin culpas
Sorbos grandes
La vida

Wednesday, October 24, 2007

EJERCICIO 12: ALEJANDRA, intentando una historia simple



Estaba mirando la playa a través de los ventanales, pensando en lo difícil que es escribir bien, resumir ideas, desarrollar conflictos que no existen, cuando se enciende mi celular (lo tengo en silencio, desde que no estoy en la ciudad me propuse olvidar el sonido de ese aparato).
La pantalla decía "Ale". Ale. La Ale. La Ale... ¿Por qué me estaba llamando después de tanto tiempo? ¿Por qué me llamaba después de jurar no llamarme más? Habían pasado dos años de eso y sentía que la había olvidado casi por completo. Lo de casi es bien preciso, porque sepulté lo malo que fue el último período juntos pero reconozco que después de otras bocas la suya siempre aparecía en la memoria. No había boca como la de la Ale, no existen labios como los suyos, y me había resignado a que nunca más volvería a besos así. Que había sido lo suficientemente afortunado al haberlos tenido alguna vez en mi boca, en mi cuello, en mi pecho. Porque pocos en el mundo habían tenido la suerte de toparse con eso besos. De eso estaba seguro después de una cata de besos antes y después. Y vaya que son importantes porque un beso es la tarjeta de presentación de ejercicios amatorios posteriores y más profundo aún, de la manera de amar y entregar. Y la Ale amaba, amaba como si la vida se le desparramara sin solución.
¿Contestar o no contestar? Daba un poco lo mismo, lo bueno de los celulares es que queda registro de la llamada, y uno puede devolverla cuando se sienta preparado a hacerlo. Después puedes inventar que estabas en la ducha, en el jardín, que estabas salvando a un grupo scout de morir ahogado, que a esa hora practicas meditación trascendental, o bien, menos hollywodense, que habías salido simplemente a comprar el pan, el celular no anda bien y me ha dado lata cambiar el aparato ya que cada vez llamo a menos gente y menos gente quiere comunicarse conmigo. Me fui del trabajo peleado con todos o casi todos, básicamente porque en esa maldita empresa los puñales iban y venían y había que ser un ninja por los pasillos. Por lo mismo, por no fallar ni dejar espacio para ser traicionado, ya casi no me juntaba con mis verdaderos amigos. Vivía para sobrevivir y moría lentamente trabajando casi quince horas diarias.
Se apaga el celular y me quedo unos segundos en silencio. Me levanto de la silla, lo tomo en mi mano, camino hacia el ventanal, lo abro, escucho más nítidamente el mar y pienso que me gustaría que la Alejandra me escuchara con ese sonido de fondo. Infántil, lo sé, pero seamos honestos: los hombres también se maquillan a su manera.
En eso se ilumina nuevamente el teléfono, y rápidamente me siento en la silla de playa que está a mi lado, me tapo con la manta de polar que me gané en la promoción Copec y, calmando un poco la respiración, contesto.

- Hola... Pablo...- escucho su voz al otro lado. Seguía siendo ella que decía hola en vez de aló y esa estupidez me mataba aunque nunca lo supo.
- Aló... sí Pablo, ¿quién?- No sé por qué motivo no la llamé por su nombre de inmediato. Hay cosas que aún no puedo solucionar del todo en esto de madurar.
- No puedo creer que haya sido todo tan malo... ¿Borraste mi teléfono?- dice ella con dulzura y con sonrisa, oh, la sonrisa de la Alejandra.
- ¿Alejandra? - intento hacer el papel de mi vida diciendo su nombre en formato de pregunta- No, no, no he borrado tu teléfono, por favor, es que el visor de la pantalla falla a veces, tengo que cambiar el celular... - respiro profundo para no ponerme tartamudo- qué bueno escucharte... tanto tiempo...
- Sí pues, tanto tiempo... había pensado llamarte pero me imaginé que no sería lo correcto, que bueno, que no me dirías que era bueno escucharme...
- ¿Y por qué no sería bueno? -dije con una convicción sorprendente, más para mí que para ella, creo- si ha pasado el tiempo y fue, no sé, ¿importante lo que vivimos?
- ¿Dónde estás?- dijo - escucho el mar.
- En Maitencillo, en la casa un amigo que acaba de ser papá y no puede venirse por un rato y me la prestó por este mes... a caballo regalado...
- ¿Y ya no estás trabajando que tienes un mes para estar en la playa?- dijo y me dio algo de pena que lo dijera, el enano egoísta que uno tiene adentro tiende a pensar que aquellas personas que te quisieron saben más de tu vida que tú mismo.
- Eh... no, no estoy trabajando, renuncié hace un par de meses y nada, es largo de contar pero estoy bien, contento, tengo vocación de vagoneta y además, como no tenía grandes deudas y algunos ahorros, preferí parar para saber qué quiero, para dónde voy, en fin...
- Me alegro por ti, antes de no vernos más ya estabas aburrido de tanto viaje y tanta oficina. ¿no? Trabajabas demasiado, te hacía mal, casi ni sonreías, Pablo - apuntó con ternura, aunque duela escucharlo, su voz se ponía un poco ronca y suave, para no herir.
- Exacto, por ahí va la mano, uno tiene que caerse de cara al suelo para entender, es como aprender a caminar... estoy aprendiendo a caminar de nuevo, digamos... bueno, ¿y tú? Te casaste, tienes hijos, ¿en qué estás? - sabía que no se había casado, que llevaba unos seis meses sin el que me reemplazó, el que tenía tiempo y risas para ella, pero ya lo dije, hay cosas que aún no soluciono del todo aunque he tratado de superarlas. Sigo imbécil pero trato de controlarlo.
- Nada, estoy soltera, terminé, también con la universidad hace unos tres meses y no me decido todavía a buscar trabajo, me compré un auto chico pero eficiente con lo que gané trabajando en la agencia, y me acordé de ti y quise llamarte.......
- ¿Y te fue bien con el postgrado?- dije mientras me rascaba la nariz, cuando estoy nervioso la nariz me pica y es infernal como pica, como si se llenara de hormigas.
- Pasé, lo terminé, con eso basta, al final estaba bien reventada y llegué con las uñas al final del último semestre, pero ya cerré eso.
- Me alegro tanto por ti, ahora tienes algo de tiempo para pensar- dije con auténtica felicidad.
- Y para vivir, que es lo principal, ¿no? Y tú... ¿estás solo en la playa?
- Sí, solo- dije de inmediato antes de empezar con mis tics neuróticos.
- Es que justo pensaba ir a la playa mañana viernes con unas amigas que tienen casa por ahí y no sé, ahora que sé que andas por allá... y que no te extraña tanto escucharme... decía yo... veámonos, como amigos...
- ¿Cómo amigos? qué fome -dije intentando recuperar al canchero que perdí por tanta reunión, qué patético es uno a ratos- pero pasa a verme y ahí conversamos largo, el teléfono es frío y casi tan raro como el messenger, donde nunca sabes si el otro está enojado o bromeando, si caes bien o mal con esas caras amarillas... ven a verme, en serio, quiero verte- dije a quemarropa, hubo un pequeño silencio de segundo y medio que me pareció un día y medio.
- ¿En serio? ¡Feliz paso a verte!- dijo con la misma alegría frutal de antes. La mantenía y eso me alegró como pocas cosas en el último año. Mucho más que con su cierre de postgrado.
- ¿Te doy la dirección?
- Te llamo mañana en la tarde para pedírtela mejor, yo creo que vamos a salir tipo cuatro de acá, estaremos por allá como a las seis- la mejor hora para llegar, pensé. Alcanzo a ordenar mañana en la mañana, cocino tipo una y media, me duermo una siesta, si es que puedo dormir sabiendo que viene a la casa.
- Todo bien a esa hora... -no pude contenerme y me dejé hablar honestamente- Qué bueno escucharte, Ale, en serio, tenía hartas ganas de verte, y el tiempo pasa y nos vamos poniendo cada vez más insensibles y lentos- otra vez me sorprendo de mí, pero bah, mejor sorprenderse de uno que aburrirse de uno, y de esto último ya tenía demasiado- te voy a tener un vinito blanco, ceviche y alcachofas, una mezcla rara pero es lo que hay... mayonesa casera también puede haber, una oferta irresistible en esta época pésima de mayonesa envasada, una perversión de la modernidad...
- ¡Alcachofas, me matan las alcachofas, lo sabes!¡Y el ceviche también!¡Ya!¡qué hermosura! Ahora tengo que irme pero nos vemos mañana Pablo, sin falta! Un beso! Cuidate!
- Otro, ¡pero llámame pues!- ¿habrá sonado muy arrastrado esto último? Tampoco importa.
- Lo haré... ya, qué rico... beso otra vez, chau Pablo, hasta mañana- Chau... como le suena el chau, como le suena ese chau... dan ganas de irse a la playa y en revolcarse en la arena escuchando su chau!
- ¡Chao, nos vemos!- digo y corto. Corto y me quedo sin aire. Me quedo echado, en silencio, me paso las manos por la cara y respiro hondo. Me dan ganas de gritar pero me contengo. La vida es un círculo, me digo en voz alta, y que bueno que sea así. Ahora bien... ¿dónde mierda encuentro alcachofas? ¿Es época de alcachofas cierto? ella me hubiera dicho que no habían, si ella come esas flores día por medio... ya, tendrán que haber, y ¿cómo hago la mayonesa? ¿Estará mi mamá en su casa ahora?


Tuesday, October 23, 2007

EJERCICIO NUMERO 11 (EL OTRO)



Tomacho es de lo que no pueden tomar. No pueden, aunque hagan el truco de la guata llena o tomen una cucharada de aceite. Mejor dicho, pueden pero no deben. La razón es muy simple: dentro suyo habita Otro, que sale apenas Tomacho se descuida y se toma una piscola o un vodka con redbull.

El Otro es de temer. Yo lo he visto aparecer e incluso he sufrido sus embates un par de veces. Y confieso que basta y sobra.

La primera vez fue en el Parrón, hace años. Yo estaba con la Javiera -la niña más linda del mundo, debo decirlo, porque además de deliciosamente bonita tiene esa gentileza propia de las buenas casas- y conversábamos sobre un recital que no recuerdo pero que disfrutamos mucho. De pronto, del baño sale Tomacho y me queda mirando fijamente. Yo, que hasta esa fecha no conocía al Otro, levanto mis brazos para saludar a mi amigo, por el cual debo decir, siento hasta el día de hoy una profunda admiración. Entonces percibo en la mirada de Tomacho otra forma de mirar, extraña, como si los ojos estuvieran sumergidos en una piscina.

- Ven... ven- me dijo moviendo su mano como si fuera una caña de pescar.
- ¿Qué pasa Tomacho?- le pregunto poniendo una mano en su hombro - ¿le entró agua al bote?
- ¿Vos me querís?- una lengua evidentemente dormida por el alcohol.
- Pero claro que te quiero Tomacho- respondo con seguridad a Tomacho pero también tratando de que la Javiera percibiera algo de normalidad en el asunto.

Entonces Tomacho mira a la Javiera, me mira a mí, se mira el cierre del pantalón por donde se le asomaba la camisa, lo sube, sonríe y me dice:

- Si me querí dame un beso en la boca pos hueón... a ver pos hueón si me querís tanto a ver...
- Ehm... No sé si te quiero tanto, Tomacho, la verdad... si quieres te doy un abrazo o te llevo a la casa mejor, ¿andai en auto?- disparé claro de que Tomacho no estaba muy presente, sino que había otro, ese que sale de algunas botellas muy particulares...
- Puta que erís trancao conchetumare- dijo y me empujó, ante la mirada atónita de la Javi que si bien me conocía lo suficiente no entendía nada de lo que estaba pasando... Bueno, yo tampoco, debo decir- ¿querís mi auto ahora hueón? ¡ándate a la rechucha pero a la rechucha de las rechuchas!- remata y se va zigzagueando hacia el comedor central, asustando a una señora gorda que casi mete su cara dentro de una torta merengue lúcuma cuando Tomacho se tiene que apoyar en su cabeza para no caer sobre la parrillada de la otra mesa.

No sabía que decirle a la Javiera. Confieso que en esa época moría por ella, y que la vergüenza que sentí por culpa del Otro superó la estupefacción ante la escena. Nunca más vi a la Javiera. Miento, la vi tiempo después, cuando andaba con otro. Pero ese es otro cuento.

La segunda vez que me topé con el que vive dentro del Tomacho fue hace como un año y medio. Estábamos celebrando el cumpleaños de un amigo, y cuando todos comenzaban a levantarse para irse a acostar, le dije a mi amigo Pancho que por qué no rematábamos en el bar de lado porque se veían muchas más chicas lindas que en el que estábamos. Pancho, que prende con agua, asintió y cruzamos la calle buscando el último trago de la noche.
En la barra estaba Tomacho, conversando con dos amigos -uno con cara de asesino en serie y el otro como poeta francés al peo- y levantó los brazos haciendo señas para invitarnos a la barra. Cuando llegué juro que todavía estaba Tomacho y no el otro. Por descuidado -o algo ebrio, debo admitir- no me dí cuenta de que Tomacho estaba pidiendo un vodka redbull y que el barmán lo miró como preguntándole si estaba seguro de tomárselo (ahora que lo pienso bien, el mozo debe haberse encontrado con el otro más de alguna vez, ya que Tomacho era parroquiano fijo del lugar). Pero Tomacho, que es un tipo querible cuando es Tomacho, puso cara de gato a lo Shrek y el barman se dejó embaucar.
Juro que Tomacho era Tomacho cuando tomó el primer sorbo de vodka, y yo, con esa euforia absurda que te regala el alcohol le digo:

- Leí tus últimos cuentos en el blog, Tomacho, están re buenos, en especial el último post- le digo- me recordaron mucho a lo que escribía Cheever, o algo así...
- ¿Me estai hueveando?- dijo Tomacho cambiándose de máscara en menos de un segundo...
- Sí, en serio, como los de...
- ¿me estai diciendo viejo fleto, chuchetumare?- en ese instante supe que había que huir como correcaminos, porque el Tomacho no hablaba con garabatos comúnmente, en cambio el Otro si; pero como también estaba algo ebrio me quedé, no sé bien por qué, valiente pero atento a lo que se venía. Y como la fe y la esperanza en el ser humano es lo último que se pierde, le dije:
- No te pongai así pos Tomacho, córtala, pa' qué...

Tzum! Recibo un escupo de Tomacho en la cara. Mi amigo Pancho, al que no le cabía más asombro, como si estuviera viendo a su abuelo muerto, entonces me mira congelado y me dice:

-¿Idea mía o te escupió este saco de huevas?¿Lo matamos?- mi amigo Pancho es hiper dan en doscientas disciplinas orientales, pero no ha alcanzado la iluminación todavía así que apenas puede reparte patadas en mandíbulas.
- No me escupió él, Pancho, me escupió el otro, tranquilo- digo para calmar la situación. Por cierto que la ayuda del Pancho no era necesaria, el Otro tiene patas de lana y con un dedo lo tumbas o con un soplido lo aniquilas. Pero siempre he sido un tipo tranquilo, y no quería armar trifulcas ni escándalos.
- No fue el otro, fue él, huevón, matémoslo a patadas...- me dijo pancho al oído.
- Fue el Otro- le digo al Pancho estúpidamente, como si un borracho pudiera entender que otro borracho ve a otra persona dentro de un tercer borracho.

Entonces el Otro, no contento con escupirme una vez, lo hace de nuevo. Pancho empieza sufrir ataques de epilepsia de ganas de desfigurar al Tomacho. Entonces tomo el sartén por el mango y antes de recibir un tercer escupitajo, antes de que el Otro sea decapitado de un puñete del Pancho, empujo al Otro sobre sus amigos, sus amigos que no se habían percatado de la situación resbalan, se les cae el trago, increpan al Otro y el Otro le tira el vodka en la cara al más chico, el que tenía pinta de poeta maldito al peo, mientras el asesino en serie le saca la madre porque lo pisó con la silla. Llegan los mozos, el Otro grita, patea en las canillas al más peligroso de los mozos, nos agarran de las mechas y nos sacan del bar a patadas y manotazos (menos al Pancho, que antes una vez dio clases de boxeo en ese mismo local y se ganó el respeto de los mozos porque estaba en el mismo bando), y ya afuera, bajo la lluvia, al Otro le dio con sus propios amigos a grito pelado haciedno escándalo y nosotros, en un ataque de lucidez o bien de miedo, enfilamos hacia el auto caminando rápido y concentrados.
Pancho se sube, me mira con cara de extrañeza, y mientras pone highway to hell de AC/DC, sacude su cabeza y me pregunta por qué cresta no le pegué al Otro.

- Porque si le pego al otro le pego al Tomacho pos hueón- respondo aún mareado por la adrenalina contenida.
- No entiendo nada... ¿A qué otro te referís si hay un puro weón idiota?- dice el Pancho bajando el volumen de la música.
- Hay que leer a Stevenson- digo mientras suspiró con la ventana abierta.
- Uf, un curao pseudo culto ahora, la que faltaba- dice el Pancho encendiendo un pito para calmarse, creo, la cola que había dejado en el cenicero cuando fuimos a jugar baby. El Pancho nunca fue muy higiénico, y su auto siempre tenía una cola botada en alguna parte.
- El doctor Jeckill tiene su mister Hyde, oh, ¿no cachai ese cuento?- digo ya con un poco de molestia de tener que explicarle siempre todo al Pancho que no lee ni LUN.
- Vos tenís que ir al doctor, que te escupan y no hacer nah, qué weón, no sé si zen o weón- dice retándome, como tratándome de niñita por no devolver si no un puñete, al menos un escupo. Pero ya no quería ni discutir, quería llegar a mi casa, poner un disco ojalá de folk, algo agradable, para intentar olvidar, borrar, mi segundo encuentro con el Otro que habita dentro de un buen amigo. Confieso que además la situación me daba risa. Porque al día siguiente Tomacho iba a llamar preguntado que hizo, que puta, perdóname por favor, no debería tomar, me tengo que chantar y todas esas cosas que el Tomacho le ha prometido hasta a su gato. Pero esta vez no me reiría, le diría que fuera a un médico, a un psiquiatra, que hasta cuándo con el otro. Y así lo hice, cuando llamó con caña moral, con arrepentimiento de alcohólico reincidente.

Ha pasado el tiempo y no he visto al Tomacho. Supe que se casó al fin con su novia por el civil, un matrimonio flash porque la había dejado embarazada. Ella es una chica hermosa -Lucía, parece comercial de mall en primavera verano- a la que conocí por otro lado, a través de los Martinez. A veces pienso en ella. Más bien, me preocupo por ella, más que por el Tomacho. Porque sin duda alguna, un día, sin siquiera esperárselo, se debe haber topado en algún pasillo con el Otro. Y eso, indudablemente, nos hace algo así como hermanos en el terror. Pero tomacho era una buena persona. Cuando era Tomacho y no el Otro.

El trago lo pone ciego a uno, decía la canción, con mucha verdad. ¿Estará inspirada en el Tomacho? ¿En todos los Tomachos del mundo? ¿O en los Otros que habitan, en silencio, dentro de uno? ¿Cuántos de ellos hay, esperando la oportunidad de salir? ¿Son todos como el Otro, o hay Otros? ¿Existen los ángeles escondidos detrás de unas piscolas?

Palabras al cierre:

Ciertos datos que usted debe saber sobre Tomacho antes de encontrarlo un pobre diablo, y por cierto, razones que sabía el narrador porque fue compañero desde kinder hasta cuarto medio del hombre en cuestión:

a) Vio morir atropellado a su perro cuando tenía cinco años. Agonizó en sus brazos. Sus padres no estaban. Sólo la Nana que lloraba tanto o más que Tomacho.
b) Se meó a los seis años delante de las risas de todo su curso. Sucedió mientras entonaban la canción nacional con la estrofa de los militares, y fue de susto porque escuchó en una verdulería que los militares eran gente mala que comía niños envueltos.
b) Sacó a bailar a la Claudia en octavo básico, y ella le dijo que jamás bailaría con un guatón. Ese año Tomacho comenzó a escribir cosas tristes, pero con innegable talento.
c) Su padre se separó de su madre ese mismo año. Las razones eran vagas, pero la única que claramente recordaba Tomacho era terrible y ridícula: su madre roncaba como cortadora de pasto.
d) Tomacho perdió la virginidad sin saberlo. Fue el día en que por primera vez se curó como sapo, y a manos de la Frigobar Nuñez, una petaca conocida en todo el colegio por su mal vocabulario y constante olor a coliflor.
e) Ya en la Universidad, en una carrera que no quería seguir de una universidad donde no quería estar, se unió a una pandilla punk, pero nunca pudo usar bototos militares por miedo a mearse.
f) Cuando había logrado sobreponerse a su pasado tumultuoso, un día fue entrevistado en la calle por CQC y salió el domingo en la noche con una rosita en el pelo, los cachetes rosados, la voz con pitch como la Frigobar Nuñez, y para más remate cerraron con un sartenazo. Larraín y Feito no pararon de hablar del gordito fleto. Su celular no dejó de sonar hasta las 3.15 a.m. Cambió de número por una paranoia innecesaria.
g) Quedó finalista en Santiago en Cien Palabras, lo llamaron y todo, pero fue descalificado al día siguiente porque alguien contó las palabras de su cuento y tenía 101.

Podría seguir, pero no quiero seguir deprimiendo a nadie.