
Treinta y siete años sobre la Tierra y nada, NADA como darle un beso a quién quisiste dárselo, cuando dejaste de fantasear y lo lograste. Claro, lo que viene después también tiene lo suyo, pero la Puerta de Entrada es inolvidable. Tanta cara linda de chica linda que cierra los ojos esperándote. Tanta respiración, tanto aliento de boca a boca, tantas ganas de cometer un beso.
Tanto beso que queda guacho, sin darse.
Robar un beso de una boca que no quería un beso.
Ese maldito beso que jamás le darás a esa maldita persona.
Besos no sólo en bocas, también en cuellos, clavículas, besos como disparados con metralleta por todo un cuerpo, los latidos entregando el ritmo en el que se desenvolverá la toma de posesión, cuando las tropas se rinden porque no quieren defender ningún patrimonio ni territorio. Un beso provoca que se regale un cuerpo, un alma entera.
Besos húmedos, lentos, caracolientos.
Besos cortos, una firma de tratado, un quiero pero aquí no puedo.
Un beso a una boca que no debiera haberte dado un beso.
tarde o temprano llueven los besos.
Mmm.
Un beso, sin duda, es una cosa que me provoca cosas.